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domingo, 28 de enero de 2018

Honremos a Martí en su justa perspectiva





Por: Lcdo. Sergio Ramos

José Martí tiene hoy día, para mayor ofensa y escarnio a su gloriosa memoria, el sacrílego espectáculo de tener, a pocos pasos de su tumba, en el cementerio de Santa Ifigenia, en Santiago de Cuba, la piedra gigantesca donde está enterrado el vil tirano Fidel Castro. Deseo perverso solicitado por este último que denota la envilecida envidia de un tirano egocéntrico y cruel, que, en vano, aun después de muerto, quiso opacar la honra del Apóstol de la Independencia de Cuba.

No le bastó al ego enfermizo dictador mal utilizar para sus ambiciones desmedidas la imagen y el pensamiento de Martí, para escalar hacia el poder y engañar al pueblo para, so color de libertador, imponer la más cruenta tiranía que jamás haya existido en el continente americano.

Para lograr el poder absoluto, Fidel Castro utilizó como pedestal su imagen y distorsionó el pensamiento de Martí, haciendo todo lo contrario a lo que predicó y por lo cual luchó y murió combatiendo en Dos Ríos. Así los hechos lo confirman.

La patria que proclamó y a la cual aspiraba Martí era una inclusiva, “Con todos y para el bien de todos”, pero Castro la transformó en un feudo privado para el beneficio de sus acólitos y el suyo propio a costa de la esclavitud de todo el pueblo cubano.

El propio Apóstol condenó y sentenció a los déspotas que, como estos, les roban a los hombres la patria de todos, diciendo que: No hay viles mayores que los que miran exclusivamente los intereses de
la patria como medios de satisfacer su vanidad o levantar fortuna”.

Tanto el difunto tirano Castro, como su hermano, actual dictador Raúl Castro y los pretendidos sucesores venideros, han sembrado en el pueblo, lejos de la felicidad de la libertad y el progreso, un mar de lágrimas y un abismo de miserias, lo que, de hecho, contradice de su fas, el ideario martiano. Veamos:

El ilegítimo régimen tiránico de Cuba, desde su inicio hasta la fecha, ha asesinado por medio de la aplicación ilegal y arbitraria de la pena capital por fusilamiento o a través de ejecuciones extrajudiciales la cantidad de más de 10,000 cubanos, sin contar los muertos en las guerras de Angola, Etiopia, y otros lugares y los ahogados tratando de escapar en las aguas del Mar caribe y el Estrecho de la Florida. Todos esos son crímenes movidos por el odio y contrarios a la justicia y al derecho, sobre lo cual Martí sentenció: “No hay perdón para los actos de odio. El puñal que se clava en nombre de la libertad, se clava en el pecho de la libertad”.

Ha encarcelado a más de 100,000 cubanos por razones políticas y siguen encarcelando, solo pensar distinto a él y por exigir y procurar el derecho a una patria verdaderamente libre y para el bienestar de todos los cubanos. Sobre el presidio político, del cual Martí en su tiempo fue víctima, denunció: “Dolor infinito, porque el dolor del presidio en el más rudo, el más devastador de los dolores, el que mata la inteligencia y seca el alma y deja en ella huellas que no se borran jamás”.

Estos actos represivos, violatorios del derecho humano, son propios de regímenes dictatoriales, como bien indicara el Apóstol de nuestra Independencia: “Los sistemas políticos en que domina la fuerza, crean derechos que carecen totalmente de justicia…” y nos explicó el porqué,
“Imponerse es de tiranos. Oprimir es de infames”.

La tiranía castrista ha forzado a más de 2.5 millones de cubanos a salir del
país hacia otras tierras del mundo en busca de la libertad y del bienestar que les son negadas en su propia patria.

Martí también fue un desterrado. Sufrió la agonía del exilio y el sufrimiento de verse forzado a vivir lejos de su familia y de su patria. Al respecto expresó: “…en el destierro, náufrago es todo hombre” porque, “los desterrados saben que la tristeza que inunda el alma en la tierra, es el dolor mismo del destierro”.

A lo largo de su vida el tirano Castro predicó, exacerbó, fomentó y esparció el odio, la envidia y la injusticia como doctrina y peldaño para subir y luego sostenerse en el poder de modo omnímodo. Mas aun, esparció por todo el país un evangelio de odio, que es claramente, todo lo contrario, al evangelio de amor que nos enseñó José Martí. Esta predica detestable fue reprobada por el Apóstol cuando nos dijo: “Asesino alevoso, ingrato a Dios y enemigo de los hombres, es el que, so pretexto de dirigir a las generaciones nuevas, les enseña un cúmulo aislado y absoluto de doctrinas, y les predica al oído, antes que la dulce plática del amor, el evangelio bárbaro del odio”

El pueblo cubano ha estado sometido por décadas al látigo y a la bayoneta por una oligarquía hermética y prepotente, que trepando sobre los hombros de los explotados trabajadores, se robaron la patria para convertirla en finca privada de la cual satisfacen sus ambiciones de poder desmedido y su insaciable avidez por acumular riquezas mal habidas.

Martí condenó la vileza del caudillismo, del despotismo y del continuismo en el poder expresando que: “ Todo poder amplio y prolongadamente ejercido, degenera en casta. Con la casta vienen los intereses, las altas pretensiones, los miedos de perderlo, las intrigas para sostenerlas: las causas se entre buscan y se hombrean unas a las otras”. Y también, al respecto, nos dijo que: “El gobierno que usa su poder para aumentar la cólera entre sus gobernantes y para privarles innecesariamente so pretexto de servirles de lo que requiere para su bienestar, engaña al pueblo y es caso de rebeldía del ciervo contra su señor”.

 La patria anhelada por José Martí era muy diferente a la que el difunto tirano impuso en Cuba; por eso nos enseñó y nos dio la visión de un país diferente, basado en la libertad, el bienestar y la dignidad de todos su habitantes que: “ De los derechos y opiniones de sus hijos, todos estaba hecho un pueblo   no de los derechos y opiniones de una clase sola de sus hijos”… y la razón para ello estriba en que, “La República no debe ser el patrimonio injusto de una clase de ciudadanos sobre los demás, sino el equilibrio abierto y censuro de todas las fuerzas reales del país y del pensamiento y deseo libre de los ciudadanos todos”.

Y es que la anhelada República Con todos y para el bien de todos”, ha de estar consagrada al bienestar, al progreso y la libertad. Libertad en su verdadero contexto, tal como el la definió: “La libertad es el derecho que tienen las personas de actuar libremente, pensar y hablar sin hipocresía”  , o sea, que país donde los ciudadanos todos tengan dignidad plena de todos y cada uno de sus ciudadanos. Por eso Martí clamó: “Yo quiero que la ley primera de nuestra República sea el culto sagrado de los cubanos a la dignidad plena del hombre”.   

Ante tanta ignominia y opresión, nuestro Apóstol José Martí nos enseñó también el camino a seguir:

En primer término, que con los tiranos no puede haber tregua porque la libertad de los pueblos no es negociable. Así lo expresó “A la mesa del castigador no puede sentarse con honra, sino sin honra, ningún hermano del castigado”

También nos enseñó la ruta a seguir para la reconquista de la patria y su libertad: “Quien tenga patria, que la honre y quien no tenga patria, que la conquiste”.

Para conquistarla, el Apóstol José Martí nos dio la fórmula que nos enseñó con su palabra y acción: “! Unámonos, ante todo, en esta fe; juntémonos las manos en prenda de esa decisión, donde todos las vean y donde no se olvida sin castigos; cerrémosle el paso a la República que no venga preparada por medios dignos del decoro del hombre, para el bien y la prosperidad de todos los cubanos!”. 

Cuba sufre la honda pena de una cruenta opresión y es el deber sagrado de cada cubano procurar su libertad y con ella jurar que una vez libre la patria, reivindicar la memoria y honrar de José Martí, sacando de allí la infame piedra donde dicen está enterrado el déspota para desaparecerla en el más profundo abismo del mismo infierno… y entonces Cuba será feliz.

San Juan, Puerto Rico 20 de enero de 2018











  

miércoles, 10 de enero de 2018

El Acuerdo de Cooperación Unión Europea-La Habana. Bochornosa traición al pueblo cubano.







Por: Lcdo. Raúl Luis Risco Pérez

Aplaudimos y respaldamos la adopción de acuerdos entre nuestro país y la Unión Europea que sean beneficiosos para nuestro pueblo, pero rechazamos este, por no condicionar el ejercicio de las libertades individuales y colectivas del pueblo cubano.

El régimen militar cubano es muy hábil a la hora de negociar un acuerdo con cualquier país, con el reciente acuerdo de cooperación que entró en vigor recientemente, los representantes castristas, luego de siete rondas de negociaciones con los representantes de la unión, vencieron la resistencia de los europeos y lograron que se excluyera del acuerdo, el tema de los derechos humanos y las libertades del pueblo de Cuba.

¿Qué se mueve detrás del reciente acuerdo? ¿Solidaridad con nuestro pueblo o, por el contrario, intereses económicos de los países de la Unión Europea?

Resulta indignante para los demócratas cubanos y el resto de nuestro pueblo que compartimos y promovemos los mismos principios de respeto a los derechos humanos, la democracia, y el estado de derecho que dieron lugar a la Unión Europea, que esos principios no se reflejaran en el Acuerdo de Cooperación negociado con el régimen cubano, mientras que, en los acuerdos con los países de la región, el respeto a los derechos humanos y la democracia son incluidos como condicionantes para que se firme y entre en vigor cualquier acuerdo, Unión Europea- América Latina.

 ¿Por qué se hace la excepción con Cuba y se excluyó el tema de los derechos humanos, derechos que por todos es conocido que les han sido conculcados a nuestro pueblo en estos 59 años de dictadura militar? ¿Por qué no se incluyó como condicionante, como se le exige al resto de los gobiernos latinoamericanos? 

Vergüenza nos produce observar como los antiguos países que componían el bloque comunista en Europa y que sufrieron los horrores que sufre hoy nuestro país, firmaron y ratificaron ese bochornoso acuerdo, ellos saben que con los regímenes comunista no se negocia cediendo a sus exigencias, ¿Por qué lo hicieron? En los dos exámenes periódico universal, a los que ha sido sometido el Estado Cubano en los años 2009 y 2013 en el Consejo de Derechos Humano.

Estos países europeos les hicieron varias recomendaciones relativas al respeto de los derechos humano y la ratificación de los Pactos, ¿Cómo ahora actúan con doble moral y firman este acuerdo de cooperación excluyendo este tema tan importante para nuestro pueblo?

Para cerrar el bochornoso capítulo de actuaciones  por parte de la Unión Europea hacia los cubanos, envían a La Habana, a la Señora Federica Mogherini, Alta Representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores y de Política, para que le cante loas al régimen y condene el “criminal bloque” de los Estados Unidos contra Cuba, la señora Mogherini, siguiendo el guión que traía desde Brúcela, no dijo una sola palabra de condena al régimen castrista por el sufrimiento al que ha sometido al pueblo cubano, no fue capaz de pedirle el cese de la represión política contra los que se les oponen pacíficamente, no condenó el acoso, persecución, detenciones arbitrarias y la violencia sistemática contra las dignas y valientes Damas de Blanco. 

En su intervención ante la prensa, se limitó a decir que desde el 2015 se conversa con el régimen sobre el tema de derechos humanos.
    
¿Complicidad con el régimen militar cubano, o amistad y solidaridad hacia el pueblo de Cuba? Es una pregunta a la que no le encuentro respuesta al estudiar el Acuerdo de Cooperación, Unión Europea-Cuba.

Situación económico-social y Estado de Derecho en Cuba.





Lcdo. Raúl Luis Risco Pérez.


La precaria y calamitosa situación económica-social que vive el país ha ocasionado enormes pérdidas de valores en la sociedad cubana, lo cual fue reconocido por el propio Raúl Castro Ruz, en la Primera Legislatura de la Asamblea Nacional del Poder Popular el 7 de julio de 2013.

En este contexto han florecido la corrupción y el delito. En amplios segmentos de la población, esta prolongada y profunda crisis ha generado que proliferen el egoísmo, la mentira, la doble moral, la envidia, la venganza personal, el odio, la división de la familia y la realización de cualquier otra actividad que resulte válida para sobrevivir en esta jungla. Estos males han alcanzado niveles increíbles.

Miles de nuestros niños crecen viendo cómo sus padres, obligados por las circunstancias, viven del robo y en la ilegalidad en su más amplia expresión; ésos son niños que, a edades tempranas, terminan como sus progenitores: en las cárceles. Hoy es casi imposible encontrar un hogar cubano donde algunos de sus descendientes no hayan estado o estén en prisión.

En estas más de cinco décadas de fracasos y frustraciones del ciudadano, se ha desarrollado la ética que lo permite todo; el cubano no vive honradamente del resultado de su trabajo porque los míseros salarios no alcanzan ni para alimentar a la familia el mes completo, lo cual ha sido reconocido públicamente por el general-presidente Raúl Castro.

 El trabajo honrado dejó de ser hace muchos años la fuente principal de sustento de la familia cubana, lo que constituye la génesis principal de la indisciplina social y laboral, de la corrupción y el delito. Miles de jóvenes en edad laboral no trabajan y se les puede ver diariamente ingiriendo bebidas alcohólicas, acosando a turistas, revendiendo los productos que se expenden en las tiendas y comercios, duplicándoles el precio o simplemente entrando y saliendo de las cárceles.

Como resultado de este desastre nacional, existe un proceso de marginalización y un incremento vertiginoso de la mendicidad, camino por el que se transita a grados superiores de degradación personal.

Para que se tenga una idea de lo que ha sucedido en nuestro país, expondré algunos datos estadísticos que demuestran el galopante y acelerado proceso de pérdida de valores morales de la sociedad cubana.

Cuba, que jamás se caracterizó por su alto índice de personas encarceladas, contaba con unos 14 centros penitenciarios en 1959 y entre 4 ó 5 mil presos; hoy cuenta con más de 60 mil sancionados y alrededor de 200 centros penitenciarios. 

El Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) ha situado a nuestro país entre los seis países con mayor población penal por cada 100 mil habitantes, y el primero entre los países de Iberoamérica. 

En el crecimiento vertiginoso de penados en Cuba a partir de 1959, además de todo lo anteriormente expuesto, ha influido especialmente la errática política penal aplicada, porque lejos de analizar las causas que provocan el delito y buscarles solución, se ha decidido construir prisiones para detener el delito, lo que es igual que construir cementerios para detener enfermedades mortales.

Esta enorme cantidad de presos y prisiones, en una nación pobre y pequeña como Cuba, refleja claramente la grave, precaria y calamitosa situación que se ha producido y en la que vive el país, ocasionando enormes pérdidas de valores morales y espirituales. 

Es un círculo vicioso: más sancionados, más delincuentes, más corrupción y más personas que son pasto de un sistema degradado de justicia penal, que antepone los valores estatales a las necesidades reales de la población, causante esta que en última instancia es la generadora de todos los males.

Desafortunadamente, se ha convertido Cuba en una gran prisión y sus cárceles en cementerios de hombres vivos. Unido a ello nos percatamos de que las sanciones que imponen los tribunales no guardan relación en la gran mayoría de los casos con el daño causado, siendo el Código Penal vigente de los más extremadamente severos y coercitivos de nuestro entorno geográfico latinoamericano.

Analizar las causas que provocan el delito y buscarles soluciones, es una responsabilidad que tenemos todos ante las nuevas generaciones de cubanos y el futuro de la nación. La solución a tales condicionantes no siempre debe ser el camino de la represión penal. Desafortunadamente hemos vivido en la inopia económica y la anomia social.

La organización de una sociedad tiene como condición indispensable el establecimiento de reglas que deben ser respetadas, en las que como elementos organizativos deben predominar las libertades individuales y la igualdad de todos los ciudadanos ante la ley.

Puedo afirmarles que nuestra nación no funciona como un Estado de Derecho, ya que, en éste, como principio de gobierno, todas las personas, instituciones, entidades públicas y privadas y el propio Estado, están sometidos a leyes que se promulgan públicamente, se hacen cumplir a todos por igual y se aplican con total independencia, además de ser compatibles con las normas y principios internacionales de Derechos Humanos.

La constitución política vigente no garantiza la protección de los derechos humanos (naturales) de acuerdo con las normas internacionales que el propio gobierno cubano reconoce, pero no implementa. 

Tampoco existen separación e independencia de los poderes, la verdadera propiedad privada, la libertad de opinión, reunión y manifestación, el derecho a la huelga y el paro laboral, entre otros. El ejercicio de dichos derechos individuales por parte del ciudadano está elevado al rango de delito.

Restablecer en nuestro país una cultura constitucional que limite el poder del gobierno es esencial para la creación de un Estado basado en la ley.

 El papel de un poder judicial independiente en crear un Estado con un funcionamiento eficaz es trascendental, como lo es el de los tribunales que estén encargados de proteger los derechos humanos y los derechos de propiedad, haciendo cumplir los marcos legales que sostengan un óptimo funcionamiento de la economía de mercado. 

Sin la independencia del Poder Judicial, continuarán viéndose seriamente afectados los esfuerzos por democratizar el país y el desarrollo económico.

La separación e independencia de los tres poderes es la garantía infalible contra el despotismo y la dictadura. 

Según la actual Constitución, la Administración de Justicia está subordinado jerárquicamente a la Asamblea Nacional del Poder Popular y al Consejo de Estado (artículos 121, 126, 128 y 129). 

Por otro lado, este mismo Consejo de Estado (que encabeza su presidente, que a la vez es el Primer Secretario del Partido Comunista y único), tiene la facultad constitucional —según el artículo 90, inciso ch— de dar a las leyes vigentes, en caso necesario, una interpretación general y obligatoria. 

Este mismo artículo, en su inciso h, lo faculta a impartir instrucciones de carácter general a los tribunales a través del Consejo de Gobierno del Tribunal Supremo Popular. A todas luces, esto demuestra que la vigente Constitución parte del principio de la existencia de un solo poder, que es el ejecutivo.

En un Estado de Derecho, la protección de los derechos y libertades individuales y públicas de las personas no puede estar prohibida por ley, como sucede en Cuba. 

La existencia de partidos políticos, la libertad de expresión y prensa, de reunión y de asociación, son principios universalmente reconocidos que la actual Constitución reconoce en sus artículos 53 y 54, pero a la vez los condiciona sólo a los fines de la sociedad socialista. 

Para no dejar algún resquicio legal para los discrepantes, los escogidos para elaborar la Constitución rematan con el numeral 62 el cual dice: “Artículo 62-  

Ninguna de las libertades reconocidas puede ser ejercida contra lo establecido en la Constitución y las leyes, ni contra la existencia y fines del Estado Socialista, ni contra la decisión del pueblo cubano de construir el socialismo y el comunismo. La infracción de este principio es punible”.

Por tanto, al analizar ese precepto nos percatamos de que los “derechos” que enuncia la vigente Constitución en realidad no existen. No existe derecho cuando éste nace prohibido.

 Si algo debe prevalecer por encima de otras cosas y aplicarse como una "camisa de fuerza”, sería el imperio de la ley, entendida ésta como la existencia irrestricta de un Estado de Derecho garantizador de los derechos individuales y colectivos, Pero para ello es imprescindible que exista un Poder Judicial independiente, que entre sus funciones tenga el de poder regular la legalidad de los actos del Estado y no que sea un arma política del Estado.

Abraham Lincoln aseguró: “No se puede formar el carácter y el valor del hombre quitándole su independencia, su libertad y su iniciativa”.

Se ha olvidado que en el disentir está la riqueza del diálogo y de la vida misma, cuando sólo la madurez, el respeto y la voluntad de ser justos y equitativos nos permite aceptar la diferencia como parte del todo, combatiendo la natural tendencia a ser intolerantes y creernos dueños exclusivos de la verdad.

Cuba es de todos los cubanos. Nuestros padres fundadores —Varela y Martí— lo dejaron bien claro. 

Quienes excluyen a parte grande o pequeña de los cubanos están negando un derecho sagrado: el derecho a tener Patria, a tener raíces nacionales, a ser parte de la comunidad donde se ha nacido y crecido.

En la diversidad de iniciativas está la verdadera riqueza de las personas, de las instituciones y del país. La uniformidad y el control excluyente han empobrecido a nuestra nación. 

Hay que permitir sin reprimir, que se escuche el clamor del pueblo, de los que pensamos diferente, de los que proponemos otro proyecto para el bien de todos.